lunes, 21 de julio de 2014

Esclavos

por Angel L.Herrero



La libertad es una idea, una pretensión insincera, intrínsecamente absurda y hueca, sin capacidad para ser un empeño con sentido. Nadie consigue sentirse ciertamente libre sin ocasionar —aun sin intención— malestar en un semejante, cercano o lejano. No hay que engañarse: nuestra civilización no lo permite.
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martes, 15 de julio de 2014

Esto es el fin

por Angel L.Herrero



Domingo, 31 de diciembre de 2000, las 23 horas, 59 minutos y 59 segundos. Apenas resta tiempo para el fin de milenio, para el fin de siglo, para el fin de la década, para el fin de lustro, para el fin del año, para el fin de la semana, para el final del día, para la última hora, para el último minuto, para el último segundo… la última décima de segundo, la última centésima, la última milésima, y así hasta el infinitésimo o casi.


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lunes, 7 de julio de 2014

Destrucción del espíritu

por Angel L.Herrero



¿Cómo definir el aspecto humano de quien, para afianzar sus propias ideas o dogmas, no ve otro modo que causar el máximo dolor a quien no comulga con su credo? Torturadores del mundo y de la historia, ¿de dónde os proviene tanta necesidad de despedazar al congénere?

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lunes, 30 de junio de 2014

Ni pizca de gracia

por Angel L.Herrero



Había que sacar al país adelante, como fuese. Eso dijeron los altos gerifaltes de la nación. Así que promulgaron una ley, al estilo de la “ley seca”, por la que se prohibía (por tiempo indefinido) reír, sonreír, carcajearse y cualquier clase de mueca o actitud que denotara alegría o felicidad, a cualquier hora, en cualquier lugar, sin importar el motivo, fuera en público o en privado. Enseguida la empezaron a llamar la “ley sosa”. Había que centrarse en salir de los malos tiempos, como fuese. Eso dijeron.

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lunes, 23 de junio de 2014

En algún lugar del cielo

por Angel L.Herrero



En el fondo de nuestras conciencias perseguimos retornar al paraíso. Pero, ¿qué ocurre una vez alcanzado? Si mal no recuerdo, nos expulsaron por adquirir el conocimiento, la capacidad de entender y discernir. Al regresar, por tanto, ¿habremos de despojarnos de esa sabiduría acrecentada durante toda nuestra vida?

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lunes, 16 de junio de 2014

¡Qué fatalidad!

por Angel L.Herrero



Estoy triste, muy triste, tremendamente triste y desolado. Estaba anunciado el fin del mundo. Todo coincidía. Todo era claro e incuestionable. No había duda. Estaba escrito y demostrado: así debía ser. Y yo contento y feliz porque se iban a terminar por fin todos mis  males, mis penurias, mis fatalidades. Pero no fue así, se equivocaron —una vez más— los científicos y los sesudos, y el mundo y la vida continúan (igual o peor). Estoy muy deprimido.

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lunes, 9 de junio de 2014

Equilibrio demográfico

por Angel L.Herrero



Se conocieron en una fiesta de emparejamientos. Joana, mujer cuarentona, de buen ver y mejor talante, dijo: «Yo aporto ocho hijos». Él, David, cincuentón, de gran clase y buena posición, replicó: «Yo aporto once vástagos». Remy, joven administrativa de la empresa de idilios y especialista en unir perfiles armónicos, expresó al ver la fichas de los candidatos: «Yo aporto mis métodos anticonceptivos».

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